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HISTORIA DEL PEZ, LA MANO Y LA ESTRELLA
Con esta diestra que el espacio achica
Descubro fuego donde el mar
Un rezo agigantando la pradera venenosa
Una escalera vacía
Los puentes
Esa luz abierta que te invita
Que cree que lo descubre todo.
La mano vuela lenta en toda la humedad
La mano tiene la luz encarcelada
Hasta la espalda en medio del camino
Y el paso
Sólo quiere claridades en tu voz
Y la estrella es un bosque
Un paraíso inhabitable
Una historia con el ábaco por rostro
Y caen chorros de papel que no se mojan
Que vienen en las olas y te dicen de la arena
Que te ruegan que aquí comienza el mundo
Porque en el agua volamos a la sombra de un pez
Nos bañamos el alma.
Este pez nos advirtió
Su aleta no se esfuma si separa el mar
Si queda abierto como la tierra quemada
Y no tuvimos la osadía
No seguimos a un ser que navegaba como el Sol
Y la luz era roja en la silueta de sus alas
No apagaba el color heredado en nuestra manos.
Ahora sólo cuelgan las costillas en un trozo de madera
Solo vuela en estas manos que no fueron más la luz
El índice multiplicado en el rompiente
El espacio.
Así se alejó de la ventana
Lo vimos aullar devorado por la estrella
Ya no hay luz
Y tocan niños en la puerta.
(De “En espera del siglo”, 1ra. Parte “Historias de un Príncipe Apagado”, 1994)
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